lunes, 24 de septiembre de 2012

23 años de una masacre impune


Reconstrucción de una noche de terror
La noche del viernes 11 de noviembre de 1988 en Segovia, Antioquia, sólo se oyeron balas. 46 personas perdieron sus vidas en la venganza paramilitar por el triunfo político de la Unión Patriótica. Las víctimas,  23 años después, aún no entienden por qué en esa oscura velada no estaba la fuerza pública para defenderlos.

Por: Luis Miguel Bravo, Andrés Mojica, Carlo Sarmiento y Catalina González 

En los años ochenta, Colombia fue víctima del terror generado por las masacres perpetradas por los paramilitares. Según el Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, entre 1982 y 2007 se registraron en el país 2.505 masacres que dejaron 14.660 víctimas.

Para entender estos episodios de violencia hay que saber que los grupos paramilitares estuvieron antecedidos por el MAS: el grupo Muerte a Secuestradores,  conformado en 1981.

En 1982, la Procuraduría General de la Nación presentó un informe en el que establecía que el incremento de la violencia era causado por los grupos paramilitares con el apoyo del Ejército  y la Policía.

Antioquia fue una de las regiones más afectadas. En marzo de 1988 fue asesinado en Medellín el Alcalde del municipio de Remedios. Posteriormente, circuló un panfleto que decía: “Como lo habíamos anunciado en anteriores mensajes, hoy damos un parte de victoria con nuestra tarea de limpieza, la cual hemos iniciado con Elkin de Jesús Martínez, alcalde electo de la UP para Remedios. Sus vínculos con las Farc y demás grupos guerrilleros que han mantenido en zozobra al pueblo del nordeste antioqueño, han provocado de nuestro movimiento un accionar concreto y decidido en aras de poner fin a los planes expansionistas del comunismo encabezado por las Farc- UP en esta rica y próspera región del país”, afirmaba este mensaje firmado por  el grupo Muerte a Revolucionarios del Nordeste.

Segovia y la llegada de la UP
Segovia está ubicado al Noreste de Antioquia, a 200 km de Medellín. La minería es su principal actividad económica,  y en la década de los ochenta era la región del país en la que más se producía oro. Sin embargo, este municipio ha tenido que enfrentar la violencia desde distintos sectores.      

En los años ochenta, el comandante de la policía extorsionaba a las prostitutas del pueblo y Rita Tobón, la primera personera comunista de la zona,  comenzó a trabajar para que sus derechos no se vieran vulnerados. Fue allí donde nació el primer sindicato de prostitutas del país, y donde se logró que tuvieran acceso al servicio de salud, razón por la cual en 1984 Tobón recibe las primeras amenazas en Segovia.  

Ese mismo año nace la Unión Patriótica en los procesos de paz del gobierno de Belisario Betancur con las Farc, en la Uribe, Meta.  Así aparece un movimiento político que tenía la intención de ser  una opción distinta a los partidos tradicionales.  Y se acuerda: el cese al fuego,  una tregua y la consolidación de la paz mediante negociación política.

Inmediatamente fueron tildados de ser el brazo político de las Farc y comenzaron los asesinatos. El exterminio a la UP empezó cuando ésta apenas acababa de ver la luz.

1988: el triunfo de la UP

En 1986 se realizaron las elecciones a la presidencia de la República y el candidato de la Unión Patriótica era Jaime Pardo Leal, que consiguió el 4,54 por ciento de los votos. Dos años después, el partido logró ganar las alcaldías de  Apartadó, Mutatá, Remedios, Segovia y Yondó.

En Segovia, Rita Tobón fue elegida con 1.223 votos frente a 875 de Yesid Cano, el candidato de César Pérez por el partido Convergencia Liberal, un brazo de izquierda del partido Liberal al que abandonó  después de haber ganado las elecciones al Congreso.

El triunfo de Tobón no fue bien recibido por los políticos de la zona. Esto afirmó la entonces militante de la UP a la revista Kien & Ke: “Los partidos tradicionales sintieron temor, porque en las zonas suburbanas y rurales muchos campesinos votaron por los candidatos de la Unión Patriótica. Este riesgo para esos partidos se consolida en la primera elección de alcaldes en marzo de 1988 […]. Durante la campaña hubo atentados contra mi vida. Justo después de las elecciones donde fui electa, las amenazas se vuelven atroces. Me dan 72 horas para abandonar el país, sino me asesinan. Me dan 48 horas y el temor y la zozobra eran constantes […]. Desde el primer día viví hostigamientos del Ejército, la Policía, el MRN (Muerte a Revolucionarios del Nordeste), que se hacían llamar realistas, que decían que debían recuperar a sangre y fuego el nordeste de Antioquia”.

Para ese entonces, Segovia era tildado como un pueblo de comunistas y guerrilleros. El sitio comenzó a llenarse de panfletos amenazantes firmados por el grupo ‘Muerte a Revolucionarios del Nordeste’.  La Revista Semana en su edición 341 de noviembre de 1988 afirma que este grupo era dirigido por Fidel Castaño, a quien reseñan como un “furibundo anticomunista, su padre había muerto, al parecer de un ataque cardíaco, cuando permanecía secuestrado por un frente de las FARC y después de que Castaño hubiera pagado diez millones de pesos por su rescate. A raíz de esa tragedia familiar, organizó uno de los primeros grupos paramilitares de que se tenga recuerdo. Reclutó a algunos de los trabajadores de su hacienda para entrenarlos en la lucha contraguerrillera. El grupo cobró fama porque operativo que emprendía, operativo que lograba su objetivo: liberaba secuestrados sin necesidad de pagar rescates, "limpiaba" de extorsionistas veredas enteras y ofrecía servicios de seguridad a quien estuviera dispuesto a contribuir a su causa con una suma de dinero”.

Por otro lado, la periodista Juanita León en la crónica ‘Las traiciones de Segovia’, publicada en la revista Malpensante, sostiene que “para la época, Fidel Castaño era dueño de tierras, bares, billares, gallos de pelea y prostíbulos en el pueblo y hacía sus pinitos como narcotraficante”.

Los dos medios coinciden en que Castaño tenía gran cercanía con el narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha, también conocido como ‘El Mexicano’, quien hacía parte del MAS.

Muerte a revolucionarios del nordeste (MAR) fue uno de los tantos grupos paramilitares que nacieron en la década de los 80 en Antioquia. Este departamento colombiano, según la comisión interamericana de derechos humanos, fue el que más grupos paramilitares tuvo en la historia del país con un total de 18.

El MAR o los “realistas” como también eran llamados, nacieron de la mano de Fidel Castaño, que para esa época, era el amo y señor de Segovia. Este municipio se convirtió en el centro de operaciones del grupo paramilitar que encontraba en la izquierda naciente de la época a uno de sus principales enemigos.

El día que cambió Segovia

Francisco William sabía que eso iba a pasar. O por lo menos eso dice su papá. Según él, no existe otra razón para que ocho días antes de lo sucedido, su hijo de 10 años –una de las 46 víctimas de la masacre- dibujara en su cuaderno a esos tres carros con hombres armados disparando en las calles del pueblo.

El 11 de noviembre, según cuentan los testigos, amaneció lúgubre. El clima parecía querer reflejar el ambiente enrarecido que se notaba en el pueblo desde que días antes habían comenzado a circular los volantes amenazando a los miembros de la UP. Sin embargo, el día transcurrió con tranquilidad, y al caer la tarde los habitantes de Segovia comenzaron a llenar la plaza y las calles, como cualquier tarde de viernes previa a un fin de semana con lunes festivo.

Algunos dicen que fue a las siete en punto. Otros, como Jesús Virgilio, padre de Francisco William, aseguran que fue a las seis y cuarenta. Lo cierto del caso es que cuando la noche llegó a Segovia, llegaron también los paramilitares.

“El número de la matrícula era 5084. Todo me pareció muy raro. En esos días había mucha alarma en el pueblo, porque había mucha amenaza, se hablaba de  una masacre y uno andaba como pendiente. El carro subió y luego reversó, vuelven y pasan, iban en contravía, se  acercan, me miran y siguen. Iban con ponchos. Lo que me  llamó la atención es que el carro tenía un sonido muy raro,  era como si estuviera muy pesado, era un jeep blanco con  crema, y dentro del carro iban en la parte de atrás cuatro hombres, no estaban sentados sino acuclillados. Dentro del carro habían cosas  tapadas con ponchos. Más adelante paran en el bar Johny  Kay. Todos se bajaron del carro al mismo tiempo, uno de los  que iba atrás, se tiró del carro con un arma muy grande,  no sé cómo se llama ese aparato, pero son de esas que se  paran en patas; el tipo se cayó con el aparato, los otros lo  ayudaron a pararse, y al primero que matan es al primo de  un chancero que estaba ahí”, afirmaría 20 años después a la Corporación para la defensa y promoción de los Derechos Humanos uno de los testigos del hecho.

Los que estuvieron allí cuentan que la masacre comenzó en el parque principal. Eran más o menos 30 hombres armados que llegaron en tres camperos –tal como lo había dibujado Francisco-. Los paramilitares comenzaron a lanzar granadas, y cuando la gente empezó a correr, les dispararon por la espalda. Un contingente se quedó en el parque. Los otros dos se dirigieron a las calles la Madre y la Reina. Cada uno de ellos iba con una consigna clara: uno, dispararle a todo lo que se moviera. Otro, buscar a los simpatizantes de la UP en sus casas y acabar con ellos.

El horror se prolongó durante hora y media. Hombres, mujeres y niños –como Francisco William- perdieron sus vidas. Los desprevenidos que salieron a ver qué pasaba, los familiares que salieron a defender a los suyos. Para nadie hubo piedad. Una vez más la realidad superaba a la ficción.

Lo que mucha gente puede preguntarse, y que también se cuestionaron los sobrevivientes de la masacre hace 23 años, es dónde estaba la fuerza pública durante esos 90 minutos de barbarie. Según las versiones de los testigos, ni un solo policía, ni un solo militar hizo presencia en Segovia para tratar de detener a los hombres que dispararon contra el pueblo sin ninguna contemplación. Tuvieron que pasar dos horas desde el cese de los disparos para que aparecieran los primeros policías en la plaza del pueblo. Pero no llegaron precisamente para traer tranquilidad.

“Todos vimos el atropello de la policía con la población, decían que corriéramos y que no miráramos para determinadas partes, la gente corría como para llegar a sus casas  y ellos las devolvían, a las personas que fueron a entregar  el chance los hicieron entrar a la carrera con las manos en  alto. La policía estaba en el comando, no se vio nada, solamente vimos a los policías que estaban ahí afuerita en el  parque devolviendo a la gente”, fue lo afirmado a la Corporación para la defensa y promoción de los Derechos Humanos por uno de los habitantes de la población.

Al parecer, esta actitud de la fuerza pública no era casualidad. Como tampoco parece serlo que el bloque paramilitar pasara por la Base Militar de Bomboná, en el camino de la única salida del pueblo, y no encontrará oposición alguna para continuar su escape. Atrás quedaban una centena de segovianos muertos o heridos. Pero la Fuerza Pública parecía no haberse enterado. A este respecto, el dictamen del informe de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación no deja de producir escalofrío: “Miembros activos del Batallón de Infantería N° 42 “Batalla de Bomboná” y del XII Distrito  de Policía de Segovia llevaron a cabo varias de las acciones terroristas previas a la  masacre y participaron de su planeación. Además, omitieron su deber de proteger a la  población durante la realización de los ataques”.

Rita Tobón afirmó para Kien & ke que: “Ese día necesitaba ir a unas instalaciones del municipio que se encontraban media cuadra más abajo y quería hacerlo personalmente. Eran las 8:00 a. m. del 11 de noviembre de 1988. Me extrañó que no hubiera presencia de los militares. Pregunté que si había militares y nadie los vio. Me sobrecogí. Era parte del modus operandi de cada masacre de la gente de la Unión Patriótica. Pasé por un lado del comando de Policía y quedé petrificada: estaban sentados los policías en pantalón, despeinados, desarreglados, con botellas de aguardiente a esa hora. Eso lo vio toda la gente”.

Esa noche fue la más silente en la historia de Segovia. Pero esta vez no fue por el sueño de sus habitantes. Fue por el luto que cubrió a la población y el dolor de saber que nadie había hecho nada por evitarlo.

Las horas posteriores a la masacre

Terminada la matanza ordenada por Fidel Castaño, uno de los fundadores de los grupos paramilitares, junto a sus hermanos Carlos y Vicente, la tristeza se apoderó del pueblo con una mezcla macabra entre terror y tristeza. Los familiares buscando a sus seres queridos, esposos buscando a sus esposas y a sus hijos. La angustia y la desesperación hacían mella en ellos.

“Cuando las balas y las granadas cesaron, una vez que los carros pasaron, le dije a Luis Carlos, mi escolta, que bajáramos. Yo estaba descalza. Entré al palacio municipal. Me puse un pantalón y unos botines y salimos a enfrentarnos con la realidad. No tengo palabras por lo que vimos y vivimos. Muchas personas fueron asesinadas. Habían niños y mujeres muertos en uno de los andenes del palacio municipal. En el Bar Johnny Key estaba la gente que habían levantado a granadas. Otros quedaron vivos, pero los fueron rematando en las rejas. Habían muertos con disparos en la frente. Un río de sangre corría por Segovia.” comentó Rita Tobón a la Revista Kien & Ke, quien describe de esta forma los momentos posteriores a la masacre ocurrida el 11 de noviembre de 1988.

Los hospitales públicos y los centros de salud colapsaron por la cantidad de personas, muertas o heridas, que llegaron a ser atendidos. Las personas que no podían ser vistas en el Hospital de Segovia tenían que ser trasladadas a municipios vecinos como Remedios, Zaragoza o Amalfi.

Por su parte las personas que sobrevivieron a la masacre fueron desplazadas por los paramilitares, que luchaban por el control del oro que se estaba explotando en ese momento. Los paramilitares no querían que nada ni nadie se interpusiera en su camino.

“La Alcaldía nos colaboró con los entierros y no más. Muchos de los sobrevivientes nos desplazamos a las pocas horas de enterrar a nuestros muertos. Los que se quedaron, prefieren no hablar del tema”, manifestó Luz Marina Cárdenas Restrepo a la Agencia de Prensa IPC.

Los días pasaron y aún no se había determinado el autor material e intelectual de la masacre perpetuada en Segovia. Serios indicios llevaron al Comandante de  la XIV Brigada, Raúl Rojas Cubillos, a inferir que los paramilitares ejecutaron este macabro hecho: era un municipio de completo control de la Unión Patriótica y el modus operandi de cómo se desarrollaron los hechos hicieron que las autoridades descartaran completamente la hipótesis de que fuera la guerrilla.

La omisión del Ejército, en este caso fue evidente. Ninguna bala se disparó para detener la ofensiva de los paramilitares. Ningún soldado, ningún policía, expuso su vida y se ocultaron en el comando de la policía. “Voy al comando de la policía y no había ni una sola vainilla de una bala disparada y al día siguiente estaban los policías tratando de hacer huequitos en la pared para demostrar que si habían disparado contra el comando de la policía”, afirmó Rita Tobón a la Revista Kien&Ke.

Además de esto, frente a su valiente decisión de enfrentar y aclarar lo sucedido, la ex  alcaldesa estuvo dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias, exponiendo su vida, para probar los nexos existentes entre el ejército y los paramilitares. “Después de la masacre, tres cuartos de hora después (…)  yo estaba allí, en la plaza, tomando fotos para demostrar que habían balas del ejército, tomé fotos a las balas, tomé fotos a las víctimas. Tomé fotografías que podían demostrar de qué lado se disparo, de las granadas que se lanzaron contra personas indefensas”, afirmó Tobón para Canal Capital

Para recordar

“Diferente a las otras masacres, el pueblo de Segovia dijo – no más, todos vamos a denunciar- la prueba está en las fotos, en el apoyo multitudinario, nosotros tuvimos más de 14 mil personas en un éxodo masivo de apoyo a la población de Segovia, es decirla gente no respondió con miedo, la gente respondió con dignidad,   la gente hacía filas para ir a denunciar lo que vio, pero todos fueron asesinados” recordó Rita Tobón para la producción de Canal Capital.

Con el paso del tiempo se han realizado iniciativas para construir memoria.

Esa misma noche Rafael Steven Londoño,  un niño de 13 años, redactó un poema: “Mi pueblo está de luto (...) son las 8 de la noche y está lloviendo en mi pueblo, el hospital está lleno, lo estarán los cementerios”.

Doce meses después, se recordó a las víctimas en la conmemoración “11 de noviembre: homenaje a la vida”.

Para 1995 se crearon los muros del pasado en los que se mostraba una valla  «alusiva a la paz, al derecho a la justicia, a la no impunidad». Ésta fue ubicada en cercanías del Batallón de Bomboná con el fin de hacerle un reclamo a la fuerza pública.

Otro ejemplo es el del cantautor Juanes quien compuso la canción “Segovia”  en la que relata lo sucedido aquella noche: “Es una canción por aquellos que murieron allá, en Segovia y por todas las familias que fueron víctimas en Segovia. No van a desaparecer, nunca jamás de la memoria, no van a desaparecer, aunque los quieran desaparecer”.

Así mismo, en noviembre de 2011 la Mesa de Derechos Humanos del Valle de Aburrá presentó la iniciativa comunitaria Túnel de la Memoria en donde se muestra la recopilación de las noticias del momento, al igual que fotos y objetos que quedaron después de la masacre. Carolina Ramírez, miembro del Colectivo Memoria Viva sostiene: “este proceso se ha convertido en una pequeña reparación simbólica para las víctimas de este magnicidio”.

Sin embargo esto no ha sido suficiente. Para Rita Tobón la ausencia de justicia era muy grande y hasta ahora ve un camino para lograr aclarar la verdad.  Y es que hay que tener presente que el jefe paramilitar Carlos Castaño, en una entrevista concedida a Human Right Watch, justificó sus actividades bajo la premisa: “Los guerrilleros pueden actuar fuera de la ley, así que la batalla es desigual, nos dimos cuenta de que podíamos utilizar las mismas estrategias de la guerrilla y adoptar sus métodos de combate”

Después de dos décadas: el proceso comienza

Han pasado casi 24 años de la masacre en donde 46 personas fueron asesinadas y más de medio centenar heridas. Si bien es cierto que la justicia no ha actuado con celeridad, se han producido decisiones de fondo para condenar a los responsables de la matanza. Después de que la responsabilidad de César Pérez García en la masacre de Segovia no fuera probada de manera contundente,  en el año 2010 la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia decidió abordar el caso de manera preferente y unilateral por ser un delito de lesa humanidad que no prescribe en el tiempo, de acuerdo a los tratados internacionales determinados por Colombia en el tema de los derechos humanos. Además de esto, a través de la providencia fechada el 14 de marzo de 2011, la misma corporación acusó formalmente al ex presidente de la Cámara de Representantes,  César Pérez García, por su presunta responsabilidad en los hechos acaecidos el 11 de noviembre de 1988. Existe material probatorio y evidencias de que César Pérez García fue el autor intelectual de la masacre. A continuación, se transcribe la declaración rendida por Alonso de Jesús Baquero Agudelo, alias “el negro Vladimir”, uno de los autores materiales de la matanza de Segovia y quien acusa al ex - congresista:
Porque él –habla de César Pérez- nos colaboraba a nosotros y debido a la pataleta que le dio por haber perdido las elecciones él se reunió con HENRY PÉREZ y FIDEL CASTAÑO en Medellín, la fecha no la sé, pero sí en los diítas (sic) posteriores a las elecciones se reunió con ellos y fue cuando él me echó los jefes encima, entonces ya a raíz de eso se hicieron una serie de reuniones para tratar ese tema, pues yo venía trabajando en Segovia.
La estrategia mía era quitarle la zona a la guerrilla allí pero sin causar tantas muertes civiles, pero debido a lo que ya le comenté tocó cambiar de estrategia y se causó la masacre.
La defensa del ex – congresista interpuso el recurso de reposición contra la providencia que lo acusa de ser el autor intelectual de la masacre. Sin embargo,  mediante fallo fechado el 24 de marzo de 2011, la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia decidió no reponer la decisión que acusa a César Pérez de la masacre de Segovia. Además, el Ministerio Público, encabezado por la Procuraduría General de la Nación, pidió condenar a César Pérez García. Actualmente, la etapa de juicio se está adelantando después de casi 25 años de impunidad y de que el proceso quedará completamente estancado. Pérez se encuentra detenido en la Cárcel La Picota de Bogotá, acusado por el delito de Homicidio Agravado en calidad de autor intelectual.
Los recuerdos dolorosos quedan aún en la mente de todos los habitantes de Segovia. Un municipio pujante, que se estancó con la masacre perpetuada por los paramilitares hace 23 años. En especial, la alcaldesa de la época, Rita Tobón, sufre el exilio en el continente europeo como una desplazada más de la violencia. “La única manera de tornar la página es que se sancionen a los culpables tanto intelectuales como a los materiales. Lo que yo viví… a pesar de veinte años no tengo palabras porque yo traté por todos los medios de que no pasara, pero a nadie le importó. Todos participaron, lo unos por acción, los otros porque dieron la orden y los otros por omisión”, manifestó la ex  Alcaldesa a la producción de Canal Capital.
A pesar de que han pasado 23  años y medio, la angustia en los habitantes del municipio de Segovia sigue estando presente. Sólo el tiempo y la justicia podrán castigar a  quienes son los verdaderos responsables de este hecho. Mientras tanto, las víctimas, quienes han hecho un esfuerzo incansable para que esta masacre no quede impune, esperan encontrar una luz para que la verdad salga a flote.
              
          






Bibliografía


lunes, 2 de abril de 2012

Conflicto, una realidad para informar

Un día como hoy nos deja ver que a los periodistas nos falta mucho por aprender.

El país estaba ansioso por darle la bienvenida a los 10 militares y policías secuestrados por las Farc desde hace más de una década. Sin embargo, los hechos de hoy reflejan que no se sabe comunicar la realidad colombiana.

Es irónico que en un país que vive en conflicto desde hace más de 60 años los periodistas lleguen a la gran conclusión que después de estar 14 años en la selva los secuestrados salgan delgados, acabados y más viejos. ¿Qué otra cosa esperaban ver si estuvieron en un cautiverio?

A esto hay que agregar la pregunta de un reportero a Piedad Córdoba: valió la pena el esfuerzo? - pues claro que vale la pena, estamos hablando de un ser humano y la constitución que nos rige promulga en su preámbulo que se debe asegurar la libertad y la paz.

En dónde quedan las preguntas inteligentes que le aporten a la audiencia para formar su opinión? En mis clases me han enseñado que el periodista no debe emitir juicios pero sí informar para que a partir de estas la gente tome una postura.

Entonces, el problema es de los periodistas o de quienes nos enseñan? Considero que está en la falta de práctica, en el no salir al terreno y enfrentarse con la realidad. Las clases teóricas de cómo cubrir estos eventos son necesarias pero necesitan equilibrarse con las acciones.

Las nuevas generaciones debemos saber cómo hablar con las víctimas y quienes las rodean. Debemos evitar errores como el de uno de los noticieros del medio día en donde una periodista le pregunta a los familiares de los secuestrados ¿qué están esperando acá, en el aeropuerto de Catam?.

En la primera clase de ‘Medios, guerra y poder’ nos mostraron 23 pautas para entrevistar a las víctimas y con pena me atrevo a decir que gran parte de los corresponsales que trabajaron hoy no han tenido la oportunidad de leerlas o lamentablemente las olvidaron.

En un día tan noticioso como este es difícil saber con precisión los hechos en los que se desarrolló la entrega. Pero los periodistas de televisión en vez de contarnos lo que ya nos dicen las imágenes deberían dar datos que sirvan para informar. Como: ¿cuántos secuestrados quedan en poder de los grupos ilegales?, ¿cuántos han sido asesinados?, ¿cuántos procesos de paz se han visto frustrados?, ¿cuántas veces se ha dicho que no habrán más secuestros?

Yo soy tan solo una aprendiz de lo que Alberto Camus llama el oficio más bello del mundo y me preguntó: ¿cómo tendré que informar las noticias de un pueblo que no tiene memoria y vive en constante conflicto?

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Ilusiones

No pretendo cambiar el mundo y mucho menos mi país, no pretendo meterle en su cabeza mis ideales, porque no sé cuáles son, no pretendo que me lea, pretendo expresarme y tal vez desahogarme…

Hoy es el día internacional de la paz, y he trinado varias veces usando el hashtag #diainternacionaldelapaz porque de verdad sueño con ella. No sé cómo es, no la conozco. Nací en 1990, mi país intentaba reconstruirse quería superar los dolores que había dejado el narcotráfico.

Recuerdo bien que mis profesores del colegio decían “la historia de Colombia es violenta”, con eso crecí. A los 12 años dije que quería ser periodista para decir la verdad, a los 15 pensé que sería mejor ciencias políticas porque tal veza ganaría más, a los 17 pensé que la sociología sería una buena opción y a los 18 me decidí por mi gran pasión el periodismo. Todo el mundo dijo que era lo mío, que yo era una perfecta comunicadora, otros decían que lo estudiará porque era fácil.

Estoy próxima a los 21 y estoy en sexto semestre de comunicación social y periodismo, estoy feliz tengo maravillosos compañeros, que ven el mundo más allá de lo que ustedes creen, y por esa razón amo el seminario de prensa que curso. Aunque la mayoría de la gente cree que ser comunicador no es más que pararse a leer un guión frente a una cámara, pues no es así estos tres años de universidad me han servido para aprender muchas cosas.

Hoy puedo decir que vivo en un país que desayuna robos, almuerza secuestros y cena realities. Todas las mañanas escucho a Dario Arizmendi, siempre, siempre el país amanece con una noticia mala, la gente se indigna pero al cabo de unos minutos todo se olvida. Al medio día sintonizan canales de televisión en los que hay una franja de farándula de 30 minutos o más, la verdad no la veo así que no lo sé con precisión.

La gente deja a un lado las noticias y se dedica a cosas de poco interés, una amiga me dijo que eso es normal, que la gente no debe saber todo porque si no se deprime. Le refuté, le dije que la gente acá no tiene memoria y que es necesario que se enteren que se indignen no solo por la gasolina de los carros de Corzo(que me parece perfecto), aquí hay millones de cosas mal, hay cientos de niños que no tienen acceso a la educación, otro tanto la tiene pero no es de calidad, otros podrían tenerla pero la abandonan para vender dulces en las esquinas, otros viven en la indigencia lo que me hace recordar la canción de Mercedes Sosa “pobre del que ha olvidado que hay un niño en la calle que hay millones de niños que viven en las calles".

Hay pobreza, hay desempleo, hay secuestros, hay cárceles hacinadas, hay guerrilla, hay paramilitares, hay bacrim, pero la gente no lo recuerda, porque creen que si no les toca la puerta de sus casas significa que no sucede.

Gran error, gran error de los medios de comunicación en los que algún día más temprano que tarde trabajaré, donde empezaré por mensajera, recibiré regaños, gritos de editores, insultos, pero donde quiero informarle a la población colombiana la realidad por más dolorosa que sea, porque quiero que lloren como yo, porque quiero que se les erice la piel cuando se enteren que una niña perdió la vida por un mina sembrada en el patio de su casa, porque quiero que vea que hay hombres que se levantan todas las mañanas a defendernos y pierden una pierna, porque quiero que entienda que este país necesita la paz, pero la paz no depende de los alzados en armas y del gobierno, la paz depende de mí, de usted, de su familia, de sus compañeros de trabajo, de su jefe, de todos los que se ponen la camisa y gritan que orgullo ser colombiano cuando juegan 11 hombres en una cancha de fútbol.

La paz no se hace en la selva, la paz se hace en su casa, en su trabajo, en el bus en el que se moviliza a diario, ayúdeme a buscarla, como no lo sé, cuándo tampoco, pero si sé la razón quiero un país tranquilo para mis hijos, los que aun no tengo, los que tendré en 10 años, para los nietos que usted tendrá en 20.
Tan solo soy una idealista que no quiere la paz por moda, la quiero para siempre, soy una soñadora y tal vez una ilusa que hoy dejo de escribir una noticia porque está indignada y porque quiere que la gente pase de la indignación a la acción. Y según la RAE son una estúpida “Necio, falto de inteligencia”.

jueves, 11 de agosto de 2011

¿Quién los controlará?

¿La salud o el dinero?

El 21 de julio de 2009 en el Congreso de la República se decretó la ley 1335 con la que se estipulan normas para prevenir y controlar el consumo de tabaco en el país y se encuentran reglas como: no hacer publicidad de los productos (cigarrillos), no usar material publicitario en establecimientos públicos como las tiendas, así mismo, no se puede vender al menudeo ni se puede fumar en zonas comunes que tengan techo, ni siquiera carpas o toldos. También, sostiene que cada cajetilla de cigarrillos debe tener un pictograma que muestre las consecuencias de fumar; y se reafirma la norma de no vender cigarrillos a menores de 18 años. Sin embargo, con la consolidación del decreto no existen garantías suficientes para hacer cumplir la ley antitabaco y los consumidores permanentes de la sustancia seguirán ingiriéndola sin importar este tipo de restricciones.
Vivimos en un país en el que día a día se consume esta sustancia, sin pensar en el otro, y en el respeto que merece. Es por esta razón que las autoridades decidieron especificar en el artículo 18 que es permitido: “Acudir ante la autoridad competente en defensa de sus derechos como no fumadora y a exigir la protección de los mismos”. Sin embargo, esta norma no es respetada y la gente no obedece las restricciones que hay como las zonas libres de humo que se han implantado en el territorio nacional. Debido a que su adicción a esta sustancia es muy grande y no les importan los riesgos que corren sus vidas, en el caso colombiano los jóvenes pasan por alto los problemas de salud y no son conscientes del tipo de enfermedades que pueden desarrollar como “cáncer de varios tipos como pulmón, boca, laringe, vejiga, riñón, páncreas, cuello uterino, estómago y ovarios”.
Ante estas consecuencias la OMS (Organización mundial de la salud) quiere una prohibición total del consumo debido a que conocen los efectos que tienen las sustancias tóxicas en el cuerpo humano, y saben que la publicidad que generan las tabacaleras es para cautivar a las nuevas generaciones.
Es por esta razón que el gobierno nacional decidió que a partir del 21 de julio no se podrá usar ningún tipo de publicidad en la que se promueva el consumo de tabaco, y que deben aparecer 6 nuevos pictogramas en los que se reflejen las consecuencias del consumo, medidas que desde mi punto de vista solo sirven para las nuevas generaciones porque aquellos que ya hacen parte de la población fumadora no le prestarán atención.
El problema cambia. Ahora se debe tener en cuenta el dinero que mueven las tabacaleras y cómo esto compite de manera directa con la salud. En el proceso de cultivo y tratamiento de la hoja de tabaco hay aproximadamente 15 mil familias que se benefician, durante el procesamiento del cigarrillo hay mil empleados y adicionalmente se generan 8 mil empleos indirectos entre diseñadores y distribuidores.
Es ahí donde empieza un juego de poder en el que luchan diversos sectores como: la Liga colombiana contra el cáncer, las tabacaleras, los fumadores y los no fumadores.
Por un lado Guillermo Martínez de la Liga sostiene que en Colombia los niños desde los 10 años están comenzando a fumar sin ser conscientes que al encender un cigarrillo se propagan 3000 sustancias tóxicas, y que después de que se contraen las enfermedades es el gobierno quien debe pagar los costos de sus tratamientos, lo que le sale a un más costoso al país.
Las tabacaleras por su puesto responden a esto bajo la excusa de que ellos no obligan a nadie a consumir sus productos, y es cierto. Sin embargo con el tipo de publicidad que ofrecen logran persuadir de manera directa y convocar a más personas a hacer parte de uno de los mejores negocios del mundo, pero que ahora se ve en riesgos, debido a que la ley los va a perjudicar de manera directa. Al prohibir que pauten publicidad de sus productos, perderán clientes, al igual que al no poder aparecer en eventos como fiestas, partidos de futbol. Esto hará que se cree un círculo vicioso, sus ventas disminuirán, entonces, el valor de sus impuestos bajará, lo que afecta directamente al gobierno; por otro lado, al producir menos, deberán recortar el número de empleados, incrementando la tasa de desempleo.
Entonces, entra a la discusión otro actor de vital importancia y es el que sostiene a las tabacaleras, el fumador. Ante este decreto aparecieron grupos de fumadores como Fanáticos Mustang, un grupo de jóvenes que lucha contra la medida, sosteniendo que la Constitución política permite el libre desarrollo de la personalidad y fumar hace parte de esas actividades.
A lo que los no fumadores responden que en el artículo 49, se menciona que: “toda persona tiene el deber de procurar el cuidado integral de su salud y la de su comunidad”. Este es un tema de salud pública que perjudica a la población colombiana no fumadora.
Cada uno tiene una posición marcada y el gobierno con esta ley pretende unir todos los puntos de vista y dar un equilibrio en el que se cree una conciencia de tolerancia en donde el respeto predomine, pero esta ley tiene una gran falencia y es la pregunta que se hace más de uno en el país, ¿Cómo se va a controlar el consumo de cigarrillo en lugares prohibidos?
Siendo objetivos no existen maneras posibles de controlar el consumo de cigarrillo en la ciudad, debido a que no existe el pie de fuerza necesario para monitorear estas actividades, así que desde mi punto de vista una medida de este tipo no será efectiva, y lo que se debe hacer es generar cultura ciudadana, en donde la gente sea concientice del daño que se le hace al otro, debe existir un balance en el que se vele por el bien común sin dejar a un lado los intereses personales. Sin embargo, esta sigue siendo una ilusión, porque para lograrlo se necesita un cambio de chip por parte de la población.
A pesar de eso Héctor Zambrano, secretario de Salud de Bogotá, sostiene que esta medida será efectiva y que esto se podrá lograr.

lunes, 25 de abril de 2011

Cuando el agua tocó nuestras puertas

El lunes 25 de abril, después de una Semana Santa pasada por agua, los estudiantes de la Universidad de La Sabana retomábamos las clases, después de las múltiples declaraciones por parte de las directivas que confirmaban que las condiciones eran apropiadas para volver a clases.



A las 6:30 de la mañana, yo hacía parte del grupo de estudiantes perjudicados por el trancón para ingresar al campus, y a las 7 de la mañana tuve la oportunidad de ver cómo el agua del río se filtraba por una de las paredes. Todavía nada era lo suficientemente alarmante.

Los salones estaban vacíos, y ni siquiera los profesores alcanzaron a llegar a tiempo. A las ocho de la mañana, hora en que comenzaba mi clase de Comunicación para el desarrollo, solo estábamos dos estudiantes y la profesora. El ambiente de la universidad era totalmente distinto al de un lunes normal. Algo distinto podía sentirse en el ambiente. Media hora más tarde, corrió el rumor de que se iban a suspender las clases. Quienes estábamos en el campus éramos conscientes de lo que esto implicaba: sin duda había cierta anormalidad; y es que en los cinco semestres que llevo estudiando en La Sabana, esta era la primera vez que se emitía un comunicado de tal magnitud.

Las autoridades actuaron con prontitud, los vigilantes recorrían salón por salón y solicitaban una evacuación inmediata. Por mi cabeza llegó a pasar el imaginario de unos pequeños charcos que serían atendidos por las motobombas, como solía suceder. Presenciamos el agite de todos los empleados que contribuían porque las edificaciones no se vieran afectadas, vimos a una de las personas más queridas de la Facultad de Comunicación con las botas puestas y con su cámara en mano registrando la estela que dejaba el río, cada vez más cerca de salones, centros de informática, biblioteca, restaurantes.



Confieso que no cumplí la orden y me quedé media hora más en lo que llamamos nuestro segundo hogar. Después de hablar y ver cómo trataban de proteger en los pisos superiores del edificio K todos los bienes materiales posibles, decidimos salir y encontramos a Andrés Contento, periodista egresado de la Sabana, entrevistando a nuestro rector Obdulio Velásquez, quien con responsabilidad informaba que las clases serían suspendidas hasta el miércoles. Después de intercambiar un par de palabras con ellos, vimos cómo el rector, con una calma plausible, solicitaba que desalojáramos la universidad lo más pronto posible.



Como bien saben, la carretera, en la que 5 carriles se embotellaban en uno, http://www.blogger.com/img/blank.gifcolapsaba por la cantidad de tráfico vehicular. Se debe destacar el buen manejo que le dio la Policía. En una de las paradas asignadas por la autoridad, las cinco personas que íbamos en el carro vimos cómo las instalaciones que habíamos abandonado 30 minutos antes se estaban llenando de agua. Es una imagen que no he logrado sacar de mi cabeza en todo el día. Ver cómo nuestros parqueaderos estaban siendo poseídos por el caudal del rio, y cómo nuestro nuevo edificio del que estamos completamente orgullosos estaba rodeado del vital liquido, de igual manera se encontraban los alrededores del edificio G, y E, ante esta nefasta imagen las lagrimas rodaron por mis mejillas y fue en ese preciso instante en el que sentí lo mismo que sienten todos los damnificados de esta ola invernal desde noviembre del año pasado, cuando las lluvias se apoderaron de nuestro territorio.

En ese momento empezaron a crearse comentarios inapropiados por parte de personas que tal vez no conocían la magnitud de los hechos. En twitter comenzó a gestarse el tag #SabanaSolidaria y con la misma fuerza que el rio se nos metió, los estudiantes, profesores y gente del común lamentó los hechos.
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A las 12 del día, Citynoticias abrió su emisión con la noticia. Nuestra Sabana estaba en problemas. A esto se sumó la noticia de El Espectador y media hora más tarde, el resto del país se enteraba de lo que estaba sucediendo.

Después de esto comenzaron a surgir comentarios desagradables en los que criticaban a la institución educativa y se alegraban por lo sucedido en las horas de la mañana.

La tarde de hoy lunes no fue la más feliz para la comunidad, todos reflejábamos la tristeza que generaba esta inundación.



Sin embargo, esto no será un impedimento para que todos aportemos nuestro granito de arena, y en el momento en que autoricen el ingreso a la Sabana iremos a ayudar, a recuperar lo que es nuestro, y a devolver a nuestro segundo hogar todo lo que ellos han hecho por nosotros Me siento orgullosa de ser Sabana y haré todo lo posible para que logremos sacar adelante a nuestra facultad y a nuestra universidad.

Gracias a todos aquellos que nos apoyan y desean bendiciones, a todos los que están trabajando porque Unisabana vuelva a ser ese lugar cálido, donde no somos números sino personas.

viernes, 18 de febrero de 2011

Felix De Bedout y su "chuzada"

El periodista de la W Radio, habla de las interceptaciones ilegales por parte del DAS y de su caso específico.


Y dice que fueron victimas por pertencer a "Sectores incomodos para el gobierno"


Felix De Bedout habla sobre las "chuzadas" by catalinagona